"El horror, el horror".

Dediqué mi publicación anterior a llamar la atención de las autoridades institucionales y gremiales de la Universidad del Zulia por no tomar las medidas firmes que la situación nacional amerita. Esta publicación será, por su parte, una exhortación al sector productivo privado, al que pertenece el comercio, el empresariado, y una significativa porción de las industrias y los profesionales -las que aún no han sido estatizadas y quienes no se hayan puesto todavía al servicio de algún organismo público, respectivamente-, por lo que de antemano les informo a los propietarios, empleados y profesionales de libre ejercicio que lean estas líneas, que tal vez éstas puedan llegar a incomodarlos o ponerlos a la defensiva -¿con el monitor/pantalla de su computadora o celular?-, así que les pido calma y comprensión. Traten de ponerse en los zapatos, en la mente, de la desesperada población de Venezuela, así como yo les aseguro que he tratado de ponerme en los suyos antes de escribir este artículo.

Entonces, la exhortación a la que me referí inicialmente es consecuencia -así como en el caso del sector universitario- de la aparente indiferencia del sector productivo para con el daño que el régimen ha infligido a los protestantes venezolanos. Y digo aparente porque puede ser, o más bien, estoy casi seguro, que los empresarios y profesionales patrios, en su fuero interno,  no son indiferentes a la situación nacional, en su ámbito personal deben estar muy preocupados e indignados por todo lo que ocurre. No obstante, lo que proyectan fácticamente, en la realidad diaria, es total indolencia, -como dije- aparente indiferencia, ya que aunque el país esté grave, ellos continúan con su cotidiana actividad comercial, industrial o profesional, prosiguen con absoluta normalidad en el constante ciclo de producción, distribución, venta y obtención de ganancias.

Yo soy fiel defensor de la iniciativa privada, de la libertad de empresa, de la libre competencia, de que el Estado no debe participar activamente, como empresario, en la economía, y que su papel en ésta debe ser meramente de reducida vigilancia y regulación, sin pasarse de la raya. Soy partidario del capitalismo como sistema de mayor idoneidad para el progreso y desarrollo económico y social de las naciones, aunque en Venezuela se haya visto terriblemente satanizado en la última década y un lustro de historia política, al punto de que la misma dirigencia opositora trata de esquivarlo y teme aceptar la necesidad que de él tenemos, para tratar de conseguir adeptos en las filas socialistas y de consumidores de dádivas. Apoyo y no veo nada de malo en que el sector privado busque obtener ganancias de las actividades que realiza, es algo totalmente natural.

Pero llega un punto en el que la iniciativa privada cruza el lindero de lo moralmente aceptable para lucrarse, punto que usualmente puede reflejarse en la explotación laboral, la competencia desleal, la evasión fiscal -ojo, reprobable en regímenes democráticos- , y la apatía ante las crisis de los países donde hacen vida económica. Creo sinceramente que nuestro sector privado está cruzando ese límite, por la última razón que enuncié. La terrible pasividad que veo en éste, producto de un egoísmo y mezquindad que van más allá de lo que el individuo es por naturaleza, es vergonzosa, y, si no se revierte, algún día la historia se las reprochará.

Esa pasividad, que se manifiesta en que -como expresé- el comercio, la industria y los profesionales mantengan el desarrollo de sus actividades en el marco de un contexto de anomalía nacional, en que muchos de éstos no hayan fijado una posición clara de repudio a la represión dictatorial que vive la población, y en que no hayan adoptado actitudes acordes con su sentimiento de oposición a la sistemática violación de derechos humanos y -más en el propio ámbito en el que se desenvuelven- a los continuados ataques a la propiedad privada y a la economía nacional, es en parte responsable de que el movimiento de resistencia civil no haya avanzado más, e incluso, de que aún no haya triunfado. La enorme importancia de las empresas en la vida de un país es la que me lleva a realizar tal afirmación. Es más que claro que actitudes fuertes y firmes del sector privado constituirían un golpe durísimo a  la estabilidad, legitimidad y credibilidad del régimen; si un grupo de estudiantes acompañado por parte de la sociedad civil, que por muy numeroso que sea, carece de recursos monetarios y materiales, y cuenta sólo con sus voluntades, ha logrado hacer tambalear a esta violenta dictadura, ¿qué no se lograría con el apoyo activo de las ricas fuerzas empresariales de Venezuela?

Una de las principales razones por las que esas fuerzas no se han unido activamente a la lucha es el inconmensurable miedo que sienten ante las posibles represalias que sufrirían de manos del régimen si lo hicieran. Miedo a que su clientela se vea reducida, cuando una fracción de ésta -la que todavía simpatiza con el gobierno- los vea como actores políticos indeseables; miedo a perder las posibles ganancias del tiempo que dure un hipotético paro económico; miedo a sufrir multas y/o cierre temporal por parte de organismos como INDEPABIS; y por sobre todos los demás, miedo a ser arbitraria y sumariamente expropiados, sin indemnización alguna por ello. Así como el sector profesional tiene, por su parte, miedo a sufrir de medidas legislativas o ejecutivas que obstaculicen o impidan el libre ejercicio de su profesión, como castigo a una participación activa en el movimiento de resistencia.

Ese miedo está totalmente justificado y es compresible, ya que es compartido, en otras formas y manifestaciones, por el resto de la sociedad venezolana. El sector universitario público teme la violación de su autonomía y posibles intervenciones del gobierno, el sector cultural teme el adoctrinamiento e ideologización de la literatura, el cine, el teatro y las artes plásticas, y el sector de la ciudadanía que aún no se ha pronunciado a favor o en contra de las protestas, que se ha mantenido al margen, teme a la represión física y moral de la dictadura o a la pérdida de las dádivas o migajas que recibe del Estado y a las que ya se ha acostumbrado. Jamás perderemos ese miedo, porque es humano sentirlo cuando hay algo que verdaderamente temer, pero es hora de controlarlo, es hora de vencer ese pánico paralizante, que más que miedo es, como dice Kurtz en El Corazón de las Tinieblas y en la grandiosa Apocalipsis Ahora: “el horror, el horror”. Nos toca encontrar dentro del miedo la valentía necesaria para dar un paso adelante y tomar acciones que hagan retroceder y caer al monstruo que nos horroriza.

El país clama por la unión de ese importante sector de la sociedad a las protestas, y reclama su tardanza. Es necesario que los sectores comercial e industrial suspendan sus actividades total o parcialmente por un tiempo suficiente, que ellos, unidos en asociaciones gremiales como FEDECAMARAS, estimen; o que se nieguen a pagar los impuestos que son robados por el gobierno y usados para comprar el material con que reprimen al pueblo, o las multas impuestas por el Estado delincuente, o que si como sanción estatal se les ordena el cierre de puertas, se mantengan abiertos; o que hagan campañas de concienciación entre sus empleados y consumidores que muestren la realidad del país; y también que no se presten a diálogos falsos que más que ayudar a Venezuela, legitiman al gobierno. El punto es que se ejecuten acciones, cualquiera sea su naturaleza y así sean contradictorias entre sí. que ayuden a debilitar al régimen, a desgastar sus cimientos, a colocar al país en un estado de paralización que se haga inmanejable para el tirano y su banda de matones y corruptos. Siempre habrá excepciones a algunas de esas medidas, como la de un hipotético paro, como la de los sectores alimenticio y farmacéutico, o la de los comercios muy pequeños, como abastos familiares que subsisten con las limitadas ganancias que obtienen, pero gran parte del sector comercial e industrial no tendría obstáculos prácticos para emplearlas; muchas medianas empresas y las grandes en su totalidad no quebrarían ni sufrirían daños irreparables por suspender temporalmente sus actividades.

Venezuela requiere que sus empresarios, industriales y profesionales se alcen de una vez por todas, y que dejen de escudarse en las posibles repercusiones de la protesta activa. Sí es cierto que pueden tener pérdidas, ser multados o incluso expropiados, pero tienen que mentalizarse que a fin de cuentas, si por su silenciosa complicidad este gobierno sigue en el poder, tarde o temprano no habrá sector privado, todos habrán sido barridos de la economía nacional, por lo que su participación en la resistencia no sólo les es conveniente, sino que también es un derecho, un deber y una necesidad.


José Alberto Vargas La Roche.

"Después de las nubes, el sol".



A más de un mes de haber iniciado las protestas en Venezuela, no es mucho lo que pueda escribir que ya no se haya dicho, y es mucho menos lo que puedo escribir sobre el porvenir de nuestra Nación. ¿Por qué? Porque pretender hacer un análisis de los posibles desenlaces de esta crisis de proporciones bíblicas, sin tener las herramientas o la información que ello requeriría, sería una terrible irresponsabilidad y, sobre todo, un alarde mayor de falsa sabiduría o falsa jerarquía intelectual. Lamentablemente la situación que vivimos ha sido aprovechada por muchos analistas, eruditos y politólogos improvisados -e incluso por varios falsos profetas-, para precisamente hacer eso: inventarse el futuro de nuestro país y difundirlo por internet, las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales, dando a los venezolanos falsas esperanzas o bien un pesimismo exagerado.

Yo no soy analista de profesión, con la suficiente formación requerida para soltar afirmaciones de semejante calibre, ni tengo información privilegiada proveniente del seno del gobierno o las Fuerzas Armadas (como muchos imbéciles, usualmente amparados por el anonimato, aseveran en twitter, siendo creídos por otro grupo de personas de igual o hasta mayor imbecilidad), por lo que no pecaré de prepotencia haciendo un análisis de ese tipo. En las próximas entradas de este blog simplemente aportaré ciertas ideas que desde que empezó esta lucha de desgaste tengo, y que creo que su aplicación es necesaria para darle más fuerza a ella, y haré algunas exhortaciones que considero pertinentes.



En primer lugar, quiero dedicarle esta publicación específica al papel de la ilustre Universidad del Zulia, el alma máter de nuestro Estado, en el desarrollo de estas protestas. Es evidente que quienes han llevado la batuta en este mes de resistencia civil han sido los estudiantes universitarios, perteneciendo un elevadísimo porcentaje de éstos a LUZ, y sin embargo, la actitud de la universidad como institución y de sus gremios no ha sido sino deplorable, vergonzosa y triste. Es indignante que la universidad se haya limitado a suspender parcialmente sus actividades cuando las calles se calientan mucho, o cuando las protestas se encuentran muy próximas a la ciudad universitaria, y solamente porque “las condiciones de seguridad e higiene no están dadas” para impartir clases o para que los empleados administrativos y personal obrero laboren. Si la universidad recibiera dinero por cada vez que el pretexto usado es la “falta de condiciones”, probablemente su déficit presupuestario terminaría.

Una institución que ha sufrido en carne propia los duros embates del autoritarismo, al punto de que como absurdo castigo de las dictaduras venezolanas tuvo sus puertas cerradas por casi medio siglo, y que ahora se haga la vista gorda ante las tropelías que comete esta tiranía del siglo XXI no sólo contra sus estudiantes -esencia de la existencia universitaria- sino también contra su autonomía académica, organizativa, administrativa y financiera, es una institución que ha perdido su alma, su espíritu zulianista, y su dignidad. La esencia de la universidad es la educación, pero no una educación adoctrinada y con directrices giradas desde el gobierno central, sino una educación libre, que promueva la democracia, la pluralidad ideológica, el avance científico, que, como la misma Ley de Universidades expresa en su artículo 1, afiance pues,  “los valores trascendentales del hombre”.

El llamado es entonces a las autoridades institucionales de la Universidad del Zulia a que dejen la indiferencia, a que dejen de tratar la situación nacional como un mero y transitorio inconveniente en el normal desenvolvimiento de las actividades universitarias, a que detengan sus constantes llamados al reinicio de éstas, como si nada grave pasara, a que no sigan sucumbiendo a los vicios de la corrupción y de priorizar el dinero antes que el bienestar nacional. Olvídense que la universidad regresará a la normalidad mientras este gobierno siga en pie. Con este gobierno no hay tal normalidad, una educación adulterada no es normal. De nada sirve que emitan comunicados o que declaren su apoyo irrestricto a los estudiantes si por el otro lado pretenden normalizar artificialmente todo, en un claro atentando a los intereses de esos estudiantes que dicen apoyar.

Encuentren su valor y su honor, tengan algo de gallardía, honren la memoria de Ochoa, Lossada y todos los rectores y profesores de antaño que glorifican nuestro nombre, y pronúnciense con sinceridad y de una vez por todas en todo este caos. Únanse a la legítima y constitucional desobediencia civil en que se encuentran sumergidos sus estudiantes, mediante la suspensión indefinida de las actividades académicas de pregrado y postgrado, administrativas y obreras hasta que la crisis política nacional no termine definitivamente, reconociendo al gobierno como lo que es: una dictadura, y exhortando y autorizando a todos los elementos que conforman la comunidad universitaria a manifestarse activamente en las protestas que se desarrollan a nivel nacional.



A su vez, quiero hacer el mismo llamado, de unión con los estudiantes a quienes tienen como misión educar, a los profesores. De nada sirve que se “desincorporen” de las actividades días tras día cuando hay protestas en el perímetro de la universidad. Es momento de que APUZ llame a un paro indefinido hasta que la situación realmente tenga feliz término. Nosotros, sus estudiantes, aceptamos su eterno paro del año 2013, y ustedes, cuando eran estudiantes, tuvieron que aceptar y vivir con los paros que sus profesores convocaban. Les toca a ustedes entonces, aceptar ahora las protestas de sus estudiantes y unirse a ellas, sobre todo teniendo en cuenta que su razón de ser no se restringe a reivindicaciones salariales como las de ustedes -por muy legítimas que éstas sean-, sino que van mucho más allá, buscan lograr un país donde todos podamos vivir en paz y prosperidad.

Es hora de fijar posiciones claras. Es hora de que LUZ asuma la enorme responsabilidad social que tiene. Esta lucha tendrá sus frutos, pero para que lleguen, requerimos su apoyo. La dictadura tarde o temprano fenecerá, como lee la inscripción de nuestro escudo universitario: “Post nubila phoebus”, “Después de las nubes, el sol”.

José Alberto Vargas La Roche.


Estudiante de la Escuela de Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de La Universidad del Zulia.

10 razones por las que nos conviene convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

Quiero compartir algunas razones que para mí, describen adecuadamente la urgencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela:

1. Nos permitiría renovar la titularidad de los distintos entes y órganos que conforman el Poder Público. 
Si bien este no es el objetivo principal de una Constituyente, su razón de ser, sí que es la máxima causa por la que hoy requerimos su convocatoria, por lo que la coloco antes que aquella en esta lista. Una vez la Asamblea produzca una nueva Constitución, si el pueblo la aprueba, entraría ésta en vigencia, y, como se consideraría al Estado refundado, se haría necesario realizar elecciones generales para escoger a los nuevos titulares de los entes y órganos de elección popular que conforman el Poder Público Nacional, Estadal y Municipal, en todas sus divisiones horizontales.

2. Es la única vía (pseudo)democrática que nos queda. 
No podemos esperar hasta 2019 para elegir un nuevo Presidente, ni hasta 2016 para poder realizar un referendo revocatorio al mandato de Maduro, y ni siquiera esperar hasta 2015 para intentar obtener mayoría en la Asamblea Nacional; el deterioro del país y la acentuación de la dictadura están demasiado acelerados como para darnos ese lujo. La Constituyente es nuestra última esperanza en este régimen de apariencias democráticas pero realidades opresoras, cualquier otra forma de salida se daría al margen de lo constitucional y legal, y probablemente con el uso de la violencia.

3. Nos daría una nueva oportunidad y esperanza para reconstruir el país. 
Como consecuencia de la primera razón enunciada en este listado, y como ya les comenté en mi publicación anterior, nos permitiría terminar el periodo histórico de ruina que vivimos y abrirle paso a una nueva era de esperanza, libertad y progreso.

4. Estado de Derecho y democracia por dictadura. 
Si logramos colocar en el poder como representantes del pueblo a personas de verdadera convicción democrática, Venezuela podría regresar a dicha senda, ya no sólo en el papel, sino también en la práctica. Al tener un Poder Ejecutivo de valores republicanos, las demás ramas del Poder Público Nacional recuperarían su autonomía, ya no serían cautivas de aquel, y nuestra patria sería por fin un Estado de Derecho efectivo.

5. Por fin adiós al comunismo y a la dominación extranjera. 
A pesar de que odio el por algunos sectores sobreempleado término "castrocomunismo", hay dos verdades rotundas: Venezuela sí va rumbo al comunismo, con legislaciones que imponen cada vez más controles a la economía, con mayores restricciones a las libertades individuales y al derecho de propiedad, con el otorgamiento de demasiadas atribuciones al llamado Poder Popular, y con ya descaradas referencias al cambio de modelo propulsado desde el Ejecutivo Nacional en instrumentos jurídicos -inconstitucionales- como el Plan de la Patria; y la injerencia del gobierno cubano en los asuntos internos de Venezuela se torna más y más preocupante, con cubanos contados entre los "asesores" del Ejecutivo Nacional, con personas de esta nacionalidad dictando las directrices de nuestros servicios de identificación, registros y notarías, así como de las Fuerzas Armadas Nacionales, y con la depravada admiración a la doctrina y gobierno de los Castro. La renovación de los cargos de elección popular que implica la eventual aprobación de una nueva Constitución podría finalmente significar que los nuevos representantes del pueblo se alejen de este nefasto sistema y que purifiquen la soberanía de nuestro país de parásitos oportunistas.

6. Podríamos tener una mejor Constitución, sin los defectos de la actual. 
A pesar de que la Constitución vigente fue defraudada y pisoteada por su principal promotor, Hugo Chávez, ésta en el papel es de bastante calidad normativa, centrando sus disposiciones en la protección de la persona humana y en el reconocimiento de sus derechos -es, por tanto, antropocéntrica-. No obstante, es perfectible, adoleciendo de diversos defectos en su contenido y en su redacción. La eventual nueva Constitución podría incluir cambios como la necesaria limitación de la posibilidad de reelección; la disminución de la duración del período presidencial; la eliminación de la contradicción descentralización-federalismo que la actual contempla, favoreciendo la implantación de un sistema federalista que permita el desarrollo autónomo de los Estados que conforman la Federación; la atenuación del exacerbado presidencialismo con la transferencia de algunas competencias presidenciales a otros órganos, y con la eliminación, por ejemplo, de la figura de las leyes habilitantes y de la posibilidad de disolución del parlamento con que cuenta el Presidente; entre otros cambios y novedades. También podría incluir cambios en la redacción, con el uso de una mejor técnica legislativa que elimine nombres rebuscados y el terrible desdoblamiento de género que ha colocado a nuestra actual norma máxima como un ejemplo del mal uso de la gramática castellana.

7. Su convocatoria no es tan difícil. 
La ciudadanía, como titular del poder constituyente originario (entiéndase la soberanía), tiene la legitimación activa para convocar la Asamblea Nacional Constituyente. Así pues, la iniciativa de convocatoria puede ser tomada, como dispone el artículo 348 de la Constitución de 1999, por un quince por ciento (15%) de los electores inscritos en el registro electoral, que para el 2013 son (según el portal digital eleccionesvenezuela.com) 18.952.292, siendo 2.842.843,8 el 15% de ese total, lo que convierte a la convocatoria a la Constituyente por iniciativa ciudadana en algo totalmente factible, dada la dimensión de la capacidad de movilización de la Mesa de la Unidad Democrática y demás sectores opuestos al gobierno.

8. Maduro tendría que aceptar la nueva Constitución. 
Si efectivamente logramos aprobar una nueva Carta Magna, que contraríe los valores e ideología del chavismo, Maduro, Cabello y sus secuaces estarían obligados a reconocerla y acatarla (como dispone el encabezamiento del artículo 349 constitucional), así como a convocar nuevas elecciones generales, y si el pueblo lo dispone, a entregar sus cargos.

9. Ninguno de los Poderes Constituidos puede impedir las decisiones del Poder Constituyente derivado. 
¿Qué quiere decir esto? Que ni Maduro, ni Diosdado, ni Luisa Ortega, ni Gladys Gutiérrez, ni Tibisay, ni nadie, pueden objetar las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente u obstruir su actuación y sus sesiones (como expresa el primer aparte del artículo 349 de la vigente norma máxima).

10. El famoso artículo 350. 
Esta conocidísima norma -por unos grafitis que abundan en muchas calles- dispone que la única limitación al actuar de la Asamblea Nacional Constituyente es, además del respeto a la Constitución del '99 mientras esta mantenga su vigencia, la tradición republicana de Venezuela, su lucha por la independencia, la paz y la libertad, los valores, principios y garantías democráticos y los derechos humanos, dándosele al pueblo la autoridad para desconocer regímenes, legislaciones y autoridades que contraríen estas limitaciones. En resumen, la Asamblea Nacional Constituyente no se puede poner con loqueras o el pueblo puede desconocer lo que de ella surja.

Como colofón a esta lista, quiero hacer un llamado a todo aquel que me lea, a que en el caso de que la oposición organizada decida acoger la propuesta surgida desde varios sectores de la sociedad y la dirigencia política de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, se active para participar en todo ese proceso.

Firma la convocatoria,  ayuda a recoger firmas y vota en los comicios para elegir a los diputados constituyentes, lo cual es de especial trascendencia, porque de tener mayoría en ese Congreso dependen nuestras esperanzas de tener una Constitución distinta. Y si el resultado de la Asamblea es el adecuado, vota para aprobar la nueva Carta Magna para que al final podamos tener elecciones generales que nos permitan sacar de una vez por todas a este régimen del poder. Sé qué serían muchas elecciones, pero es necesario, es la única vía institucional y en la que podemos participar con facilidad. Por nuestro esfuerzo pasa todo chance de ganar.

José Alberto Vargas La Roche.

El sexto gran período.

Llevo algún tiempo escribiendo en este blog sobre la conveniencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente ante la actual situación de crisis política y económica que sufre nuestro país, que no es coyuntural, sino que es el resultado de un proceso de transformación de la democracia en dictadura, de inestabilidad institucional, de degradación moral y de erosión de la economía, impulsado por el gobierno chavista desde su instalación en el poder, mediante la paulatina toma y control de todas las ramas del Poder Público, su perpetuo tono de agresiva confrontación y enemistad social, y sus ataques al sector privado, que han aniquilado la capacidad productiva nacional. Creo que estamos presenciando el fin de un período de nuestra historia, el sistema que los chavistas se han encargado de construir en quince años enfrenta su inminente desmoronamiento, y es que construyeron un monstruo que está sobrecargado de poder y que caerá por su propio peso. Y no implosionará precisamente, este Leviatán explotará sobre todos nosotros, por lo que somos nosotros -quienes sufriremos sus consecuencias- quienes debemos pararlo antes de que haga más daño. 

El reconocido jurista Allan Brewer-Carías delimitó 4 grandes períodos en la historia política venezolana: el del Estado Independiente y Autónomo (1811-1863), el del Estado Federal (1864-1901), el del Estado Centralizado autocrático (1901-1945), y el del Estado Democrático Centralizado de Partidos (1945-1999), todos los cuales iniciaron con Congresos Constituyentes encargados de redactar nuevas Cartas Magnas, entraron en crisis, y -con excepción del último-, terminaron con hechos de violencia armada (Brewer-Carías, Allan R.: Poder Constituyente Originario y Asamblea Nacional Constituyente, 1999. Editorial Jurídica Venezolana, Caracas. Pp. 15,16,17). Ese último período tuvo un final inédito, y es que fue una elección democrática, y no una guerra, revolución armada o Golpe de Estado la que le dio la estocada fatal (a pesar de que el ganador de dichas elecciones lo había previamente querido terminar a la antigua, es decir, intentando un golpe).

Viendo que tocaba la reestructuración del sistema, Brewer tuvo las esperanzas de que por fin se instituyera en Venezuela el Estado Democrático Descentralizado y Participativo que tanto hacía falta. Pero como todos sabemos, ese no fue el caso. En su lugar, y a pesar de que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela la consagró como un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, que además sería "federal y descentralizado" (en otra ocasión explicaré estas comillas), el quinto gran período de la historia política patria terminó lamentablemente siendo una regresión al viejo Estado Centralizado autocrático, con la añadidura de que el sistema político-económico predilecto del gobierno es el socialismo.

Es a esa quinta gran era de la historia venezolana, la de los chavistas, una de las más infames, a la que le está llegando la hora de expirar. Entró en crisis con la muerte de su gran y único líder, el tirano Chávez, y nosotros, todos los ciudadanos venezolanos, tenemos el poder, la capacidad, y la soberanía para por fin terminarla y darle génesis al sexto -y esperemos que duradero, estable y fructífero- período de Venezuela, uno que debería ser, bajo mi óptica, de un Estado Federal Democrático.


José Alberto Vargas La Roche.

Manifiesto de un elector decepcionado.

Como manifesté en mi publicación anterior, no voté en las elecciones municipales del pasado domingo. Desde ya les pido a los “MUDistas” alienados que se ahorren sus críticas, porque a fin de cuentas, su ilustre y eminentísima candidata fue reelecta como burgomaestre de nuestro triste Municipio, y podrá seguir manteniendo el legado de corrupción dejado por su marido y estampando su operada cara por toda la ciudad. A los chavistas también les pido que eviten quejarse de mi abstención, ya que al fin y al cabo mi voto no es uno de los que pudieron haber conseguido para obtener la victoria, precisamente porque mi voto, si hubiera sufragado, no habría sido para el candidato de ustedes. Nunca.

Mi abstención y la de tantos no debe entenderse como desinterés con respecto a la crisis generalizada que vive el país (aunque la de algunas personas sí sea sólo eso), sino por el contrario, una forma de participación política, mediante la decisión voluntaria de no darle uso a mi derecho al sufragio, tan válida como ir a votar. Con ella, expreso mi disconformidad con las opciones electorales presentadas, mi repudio a la gestión que finaliza y mi oposición a la gestión que empieza. No pretendo ser partícipe en la continuada marginalización y desmoronamiento de Maracaibo al darle legitimidad con el voto a esta mediocre Alcaldesa, tal como no lo fui en 2010 cuando también me abstuve de votar por esta señora. Todos los que votaron por la susodicha, sépanse culpables de la destrucción de Maracaibo en calidad de cómplices. Los que votaron por la otra opción principal, no me queda más que decirles que su falta de dignidad propia o de educación, según sea el caso, me indignan. Ante la particular situación de nuestro Municipio, la solución idónea era abstenerse, y que ganase quien ganase, su administración se viera empañada y puesta bajo la lupa desde el arranque por estar sostenida sobre los débiles cimientos que da la falta de legitimidad y apoyo popular.

Entonces, que nadie me venga a decir “si no votaste no te quejes” o “el que calla otorga” y demás paja que ya es hasta un cliché en los que creen que democracia es igual a sufragio, porque son ustedes los que con su tan sacramental voto colocan en el poder a gobernantes que me dan las razones para quejarme. Por culpa de ustedes hay razones para quejarse. Así que en todo caso, midiéndolos con la misma vara con la que me miden, quienes no deberían quejarse son ustedes, culpables de esto. Pero tranquilos, que yo no les voy a decir eso, porque la libertad de expresión da para todo, quéjense todo lo que quieran, así como yo me voy a quejar, porque me da la gana, y porque tenemos el derecho a ello (derecho que es humano y constitucional –artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y artículo 57 de la Constitución-, cosa que parece ser desconocida por los letrados que mandan a callar), a pesar de que quienes, y me perdonan la expresión, la cagaron, fueron ustedes. No es por nada, pero la falta de consciencia ciudadana, política, de razonamientos propios y el exceso de prepotencia en tantas personas, además de ser una de las grandes razones por las que el país está tan mal, hace que a esa gente provoque, y me vuelven a perdonar la expresión, zamparle un coñazo por esa jeta.

Dicho esto, prosigo a comentar brevemente los resultados de la estrategia que constituía la razón por la que supuestamente había que votar porque sí: la medición de fuerzas de los dos grandes bandos políticos del país. Formulado de otra manera: el plebiscito de Capriles y de Maduro. Tal estrategia, como “predije” en mi post inmediatamente anterior,  iba a ser tremendamente inútil (obviamente no lo predije, sino que bastaba con tener tres dedos de frente para darse cuenta, pero parece que la obsesión partidista de muchos les redujo el tamaño del lóbulo frontal de sus cerebros), como efectivamente lo fue, y lo único que la hacía plausible era que podía darle más solidez al liderazgo de Capriles, lo que no ocurrió.

¿Por qué fue inútil? Qué más puedo decir, sino que seguimos siendo gobernados por Maduro, la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional siguen siendo oficialistas, los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia siguen siendo los chavistas de siempre, los Rectores del Consejo Nacional Electoral siguen siendo adeptos al régimen, la Fiscal General de la República, Contralor, Defensor del Pueblo, Procurador, y en fin, todo aquel alto funcionario con poder de decisión y de cambiar la situación institucional nacional sigue siendo chavista. El Estado aún está secuestrado. Unos pocos Alcaldes opositores, y más aún, sin recursos, así sean de las grandes capitales estadales, no cambiarán nada.

Por otra parte, a medida que pasó el tiempo desde que hice mi última publicación donde justifiqué esta táctica del plebiscito o “termómetro político” y se acercaron las elecciones, y mientras más lo analizaba, me di cuenta que de plausible no tiene nada realmente, sino que sólo representaba el egoísmo de los líderes políticos, y sus ansias de potenciar sus partidos y alianzas, no de ayudar al pueblo en sus necesidades y a los Municipios en sus carencias. Hacer más líder a Capriles y afianzar sus aspiraciones personalistas o las de los dirigentes de Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo o el que sea, no son nuestro objetivo como ciudadanía. Nuestro objetivo es salir de este gobierno dictatorial, por cualquier vía, a toda costa. Si esa salida es con Capriles como Presidente, perfecto. Y si la vía hacia la libertad es otra, pues que así sea. No podemos seguir meramente alimentando la maquinaria partidista en todos los venideros comicios para satisfacer las necesidades políticas básicas de unos grupitos, ya que si meramente esperamos las elecciones parlamentarias de 2015, y las presidenciales de 2019 y así sucesivamente, a pesar de que la masa de votos opositores crezca exponencialmente, el chavismo nos seguirá subyugando hasta el dos mil siempre.  Esa es la verdad.

Mis últimas esperanzas democráticas, o pseudodemocráticas mejor dicho -dado que esa arcaica y hedionda forma de gobierno inventada por los pitigriegos ya no tiene cabida en la Patria de Bolívar y Chávez, piensa para sí mismo, y lamentablemente materializa, un señor de bigote- las deposito en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (figura consagrada y regulada por los artículos 347 al 350 de la Constitución vigente), única vía que nos queda antes de acudir a lo que se sale de las fronteras del Derecho, para salir del régimen actual. En el eventual caso de que ella aprobara la nueva Constitución que de su seno surgiría, todas las ramas del Poder Público habrían de renovarse, y podríamos, tal vez, ¿por qué no?, despertar de esta pesadilla.

José Alberto Vargas La Roche.

Porque hay que decir las cosas como son.


Han pasado varios meses desde mi última publicación. Desde la victoria robada de abril no había vuelto a escribir en este blog, más por la falta de ánimos e inspiración que ella influyó en mi, que por falta de temas merecedores de análisis. Mucho ha acontecido y se ha desarrollado en Venezuela desde entonces: protestas, crisis económica, escasez de bienes y servicios, desabastecimiento alimentario, escasez de divisas y la consecuente creación de nuevas figuras y procesos en el opresor sistema cambiario, un mercado negro de divisas descontrolado por la desesperación generalizada, inflación, devaluación de la moneda, la cada vez mayor parálisis de la capacidad de producción nacional, endeudamiento nacional, corrupción en aumento progresivo, incumplimiento de promesas electorales, decisiones erradas de la oposición, endurecimiento de la dictadura y del discurso ideológico comunista gubernamental,  campañas sucias de desacreditación recíproca -fundadas o no- entre gobierno y oposición, la aparente fractura interna del chavismo, y en general, el desgobierno de la República y de los Estados y Municipios, estén en manos del chavismo o de la oposición nacional.

De entre tantas tragedias que ha experimentado Venezuela, quiero comenzar por recordar una de las primeras en ocurrir tras las elecciones de abril, me refiero a la triste actitud asumida por Capriles tras las protestas que siguieron a los comicios, y en general, a todas las acciones de la Mesa de la Unidad Democrática desde aquel momento. En principio todo parecía apuntar en la dirección correcta, ya que ante las evidentes irregularidades acaecidas en el proceso electoral se desconocieron sus resultados -decisión aplaudida por todo el pueblo opositor- hasta tanto no se practicara una auditoría integral y adecuada de las totalidad de las mesas electorales, y se convocaron protestas ciudadanas ante las oficinas regionales del Poder Electoral. No obstante, en el transcurso de las protestas sucedieron hechos de violencia provocados por grupos armados adeptos al gobierno nacional, que motivaron a Capriles a preferir, por miedo a que el gobierno le imputara la responsabilidad de la violencia ocurrida –lo que a fin de cuentas y de todas formas ocurrió-, llamar al término de las protestas; y por otra parte, la auditoría solicitada por la unidad democrática no fue autorizada en la forma en que se propuso y en que cumpliría realmente su cometido; todo lo que causó un cambio radical en el proceder de Capriles.

Quien indudablemente se erigió como el líder absoluto de la oposición venezolana tras las elecciones del 7 de octubre del pasado año -condición que aún mantiene-, y estaba llamado a guiar firmemente al país en la transición hacia la democracia, pasó, tras los hechos que previamente describí, de ser un líder decidido y agresivo -en el buen sentido de la palabra-, a ser una figura pasiva, cobarde y mojigata. Nuestro líder se ha abstenido de convocar cualquier tipo de protesta seria; sustituyó su capacidad de convocatoria por la capacidad de publicar infinidad de mensajes banales en las redes sociales y de moderar un insustancial e inútil programa transmitido por internet; le da al gobierno de Maduro un reconocimiento tácito, mediante el trato con que se dirige a éste, ampliando, en lugar de minar, su legitimidad y proyección ante los ojos de la comunidad global; malgasta tiempo y esfuerzos en el absurdo ejercicio de recursos judiciales para impugnar los resultados electorales en instancias internas e internacionales, cuyo resultado obvio será, como ab initio todos sabemos, negativo e inaplicable en la práctica en cada caso respectivamente; y se resiste a llamar a este régimen por su nombre, como la dictadura totalitaria que es.

Además, como culmen de esta sucesión de desafortunadas decisiones y procederes, Capriles consideró que la vía que a mi juicio es la única posible para salir de este gobierno, en las circunstancias en que nos encontramos, que es el uso de la fuerza, no debe ser siquiera considerada por estar al margen de la constitucionalidad y legalidad (la cual es una apreciación irónica teniendo en cuenta que el gobierno contra el cual se niega a usar la fuerza es precisamente el responsable de destruir el Estado de Derecho en Venezuela), y aún no pretende realizar la por él mismo sugerida convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, que con el cambio de nuestra Carta Magna permita renovar la titularidad de las instituciones del Poder Público y que consecuentemente tal vez nos traiga el final del chavismo (lo cual en sí mismo es una desvirtuación teleológica -empero práctica y justificable- de esta figura representante del poder constituyente originario, es decir, una desvirtuación de la finalidad e intención con que fue consagrada en el actual texto constitucional), sino que dispuso que la forma en que se afrontaría al régimen sería convirtiendo a las venideras elecciones municipales de diciembre en una suerte de plebiscito sobre su liderazgo personal nacional o medición de la dimensión de la población simpatizante de la oposición, donde se valorará más el total de votos obtenidos nacionalmente entre todos los Municipios que el número de Alcaldías que sean ganadas.

Estas elecciones tienen pues, una clara y notoria finalidad estratégica para la Mesa de la Unidad Democrática, pretendiendo hacer de sus resultados una especie de declaración de fuerza, vitalidad y poderío, una demostración de que tiene más influencia sobre la población que el oficialismo, empequeñecido por la ineptitud y falta de carisma de Maduro, una delimitación definitiva del tamaño de las dos facciones enemigas entre las que lastimosa y miserablemente se distribuye la población venezolana. Este sentido que le ha dado la Mesa de la Unidad a las ya próximas elecciones, pasándolas del ámbito municipal al nacional, si es analizado objetivamente, no tiene ningún tipo de utilidad para salir del actual régimen ni para acelerar su fin; obtener un mayor porcentaje de votos a nivel nacional tampoco serviría para mandar un mensaje al gobierno nacional de que “nosotros también existimos y debemos ser tomados en cuenta” o de que “la oposición también es parte del pueblo”, ya que como en reiteradas oportunidades hemos podido darnos cuenta, el oficialismo no escucha nuestros llamados de diálogo, no ve nuestras señales de humo, muy a pesar del crecimiento exponencial del total de votos opositores en cada elección sucesiva; y mucho menos sirve esta estrategia para beneficiar al pueblo, que en definitiva seguirá viviendo en las mismas condiciones paupérrimas y bajo la misma dictadura izquierdista, obtenga la oposición el 80% de los votos nacionales o el 10% de éstos.

El único rédito de esta inversión de votos hecha en diciembre lo vería la figura de Capriles, que se mantendría firme en su posición de líder nacional opositor, habiendo los ciudadanos emitido sus sufragios no necesariamente con la intención de llevar a una persona a ser el titular de una Alcaldía, sino más con la de respaldar a Henrique; y es precisamente ello lo que convierte a la referida estrategia, criticable desde tantas ópticas, en algo justificado, correcto, razonable e incluso políticamente plausible.

El mayor problema de esta táctica, según mi valoración, se encuentra en aquellos Municipios en los que, sin celebrarse primarias para elegir a los candidatos opositores, sino que fueron escogidos por “consenso de los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática”, éstos impusieron a personas que por su negligencia e incompetencia en gestiones previas, o por su manifiesta y conocida deshonestidad y falta de valores éticos, no cuentan con el apoyo del pueblo; prevaleciendo así los intereses de los cogollos partidistas de cada región y localidad sobre el interés y la voluntad de la ciudadanía, y sobre el ideal de tener Alcaldes de calidad, con preparación para la administración pública, voluntad de cambio y visión. Este es el caso del Municipio Maracaibo, al cual me contraeré exclusivamente, por ser del que puedo hablar con mayor propiedad, al yo ser no sólo elector de éste, sino también por ser de él natural y en él desenvolverme.

En el Municipio Maracaibo la Mesa de la Unidad Democrática decidió hace ya bastantes meses dar su anuencia para las aspiraciones de reelección de la actual Alcaldesa Eveling Trejo de Rosales, sin tener en consideración el elevado porcentaje de desaprobación con que contaba -y aún cuenta- su administración, como motivo suficiente para la celebración de elecciones primarias que buscasen un nuevo candidato de mayor popularidad y sin el “rabo de paja” que Trejo tiene, probablemente teniéndose a esta decisión, dentro de la organización opositora, como una concesión hecha al partido de la Alcaldesa, Un Nuevo Tiempo, para mantenerlo dentro de la unidad y así garantizar la estabilidad de esta frágil coalición política, así como el respeto de aquel partido político a las candidaturas de las demás organizaciones adversas al chavismo y pertenecientes a la alianza, y evitar cualquier acción imprudente de los azules.

No obstante la designación de Eveling Trejo, un sector considerablemente importante de la ciudadanía marabina manifestó por distintos medios su insatisfacción y desazón con respecto a ésta, llegando incluso a organizarse un proceso de recolección de firmas para solicitarle a la Mesa de la Unidad Democrática la sustitución de la actual candidata por otro específico abanderado unitario, quien cuenta con el apoyo de los firmantes y ha demostrado con acciones su preparación para ocupar el cargo de burgomaestre. Posteriormente, y a pesar de la consecución de un número de firmas suficientemente elocuente, la Mesa negó rotundamente el reemplazo de Trejo de Rosales, ratificándole el respaldo, lo que también hizo Capriles, quien además públicamente llamó la atención del otro dirigente que buscaba la candidatura y que alzó su voz contra la injusticia de la Unidad.

Es así como la oposición sacrificó la calidad por la conveniencia política, conveniencia que pongo en entredicho al no poderse asegurar de antemano la victoria de esta candidatura desfavorecida por su propias fallas y desaciertos. Es también así como la persona que tiene sobre sus hombros la gran responsabilidad que significa mantener el bastión que el Municipio Maracaibo representa para la alternativa democrática, y obtener la mayor cantidad de votos posibles para el total nacional -como ya dije, real objetivo de la Unidad-, es alguien carente de preparación para el gobierno de una entidad tan importante y de la honradez necesaria para lograr la transparencia de la gestión municipal y el uso adecuado de los fondos públicos, lo que ya ha demostrado en estos casi tres años de anarquía, corrupción desaforada, falta de escrúpulos, ineficiencia, mediocridad, incesantes viajes al extranjero financiados con dinero del erario público, desgobierno, en los que nuestra otrora gran ciudad ha visto acelerado el proceso de descomposición y desmoronamiento que atraviesa desde hace varios años.

Por otra parte, tenemos al candidato oficialista, quien no es más que un peón de la dictadura, del centralismo, un representante del gobierno que ha sumido a Venezuela en la borra, la hez, la mierda, lo más bajo del mundo. Este señor, Miguel Ángel Pérez Pirela, se jacta y tiene ínfulas de grandeza, de su preparación en las mejores universidades del mundo, de su supuesta gran capacidad gerencial, sus ánimos de unir a los bandos enfrentados y su amor por Maracaibo. Esto es, como era de esperarse de un designado oficialista, una sarta de mentiras, o para hablar con mayor claridad, una cuerda ‘e mojones.

Lo cierto es, que este prepotente tipo, además de haber abandonado Maracaibo hace bastante tiempo para “prepararse en las mejores universidades del mundo” y posteriormente residir en Caracas, no se educó precisamente en el área de la política, el Derecho público, la administración o gestión pública, o ni siquiera la privada, sino en disciplinas filosóficas, las que definitivamente –y sin ánimos de ofender a quienes estudian esa rama del conocimiento humano- no preparan a una persona para la gestión de una municipalidad, contrario a lo que él afirma; ni tampoco ha tenido, para suplir su falta de preparación académica en el área, experiencia en cargos que impliquen el ejercicio de la función de gobierno. Aparte de ello, el señor Pérez Pirela es célebre por conducir un programa de televisión en el canal del Estado Nacional y ser el responsable de una página web, ambos llenos de afincado rencor contra la oposición y caracterizados por el uso de un tono sarcástico y de burla constantes, por lo que pueden irse olvidando de la pretendida naturaleza conciliadora de este candidato.

Más aún, Pérez Pirela es, como afirmé previamente, un títere del centralismo. Su hipotética elección terminaría de aplastar el carácter autónomo de nuestro Municipio, sometiéndolo cual mero apéndice a las órdenes del cerebro en Caracas, y consecuentemente atacando la iniciativa privada y amenazando el ejercicio de los derechos y libertades de las personas. Basta esta razón para abstenerse de votar por el candidato del oficialismo, más allá de que según algunas opiniones su carácter de desconocido pueda darle el beneficio de la duda con respecto a los resultados de su gestión, que pudiesen llegar a ser positivos. No hay beneficio de la duda para un hombre que represente peligros y que sea la sombra de un tirano.

En lo que respecta a los demás candidatos a la Alcaldía del Municipio Maracaibo, es suficiente decir que son un chiste, lo cual pueden constatarlo ustedes mismos revisando sus programas de gestión en la página web del Consejo Nacional Electoral: sin contenido, con errores ortográficos y mala redacción -que dicho sea de paso, son vicios de que también adolecen los programas de gestión de los dos candidatos principales-. No hay un candidato independiente provisto de excelencia, propuestas, apoyo y osadía para realmente enfrentarse al dominio de los bandos antagónicos rojo y azul.

Ante este panorama, en el que todas las opciones que buscan ocupar la titularidad ejecutiva del ayuntamiento maracaibero parecen igual de lúgubres, ¿qué podemos hacer los ciudadanos? Pues, en lo que respecta al sufragio en diciembre, la decisión corresponde a la consciencia de cada quien. Apelo a la de nuestros compatriotas chavistas para que no se plieguen a la opción oficialista, sin preparación, sin experiencia, desarraigado de lo nuestro; un completo paracaidista. En cuanto a quienes comparten mi postura contraria al oficialismo, pienso que si su consciencia así lo demanda, es válido que voten por la señora Trejo de Rosales para plegarse a la estrategia política resultadista y de proyección planteada por la Mesa de la Unidad, por censurable que sea ésta; así como también es admisible que decidan abstenerse de ejercer su derecho al sufragio por no considerar aptas las candidaturas presentadas.

Yo particularmente me adhiero a la segunda alternativa, me abstendré de votar este 8 de diciembre porque considero mediocre la posibilidad que me ofrece la oposición, porque considero también incapaz a la opción oficialista, además de que mis valores morales y mi anhelo de justicia, orden y respeto al Derecho me impiden jamás votar por un candidato chavista, y porque veo las otras candidaturas como un insulto poco serio a la inteligencia de cualquier elector. En resumen, no pretendo legitimar con mi voto a una administración municipal que destruya mi amada ciudad. Prefiero reservarme el ejercicio del derecho de sufragio en esta ocasión, ya que al fin y al cabo, como en un post anterior expresé, el sufragio es un “(…) derecho, una facultad del ciudadano reconocida por las normas constitucionales y legales, pero no un deber”, por lo que la “(…)abstención electoral se convierte en una forma pasiva de manifestarse en el sistema democrático, permitida por nuestro ordenamiento jurídico, y perfectamente aceptable cuando es usada como forma de censura a las opciones electorales mediocres que en ocasiones se presentan”. Esto no es, de ninguna manera, un llamado a la abstención, eso, como dije, le corresponde a la volición de cada quien, a su fuero interno. Con esto simplemente comparto mi opinión de la situación en que están inmersos nuestro país y ciudad.

Ahora bien, qué pasa si nos planteamos la misma pregunta que anteriormente formulé: ¿qué podemos hacer los ciudadanos?, pero ya no en el plano electoral, sino en uno, digamos, más cotidiano y de iniciativa colectiva. Podemos, en primer lugar, dejar de mordernos la lengua o callarnos por pereza cuando estemos en desacuerdo con las políticas municipales (aplicando lo mismo en los ámbitos nacional y estadal), y empezar a denunciarlas de forma individual o agrupándonos, y por cualquier medio de que dispongamos. No podemos dejarnos amedrentar por el abuso estatal, al que tristemente ya nos hemos acostumbrado, debemos quejarnos, denunciar, mantener el espíritu de protesta que siempre ha caracterizado al Zulia y a Venezuela en general.

En segundo lugar, debemos asumir una actitud acorde con nuestros ideales y propuestas de progreso y desarrollo, no podemos protestar cuando nos parecemos a aquel contra quien protestamos. El civismo y el respeto y cuidado de nuestras esferas de desenvolvimiento debe caracterizarnos (recomiendo leer uno de mis posts previos: “Decálogo del ciudadano”, donde desarrollé unos lineamientos de conducta idóneos para forjar una cultura ciudadana impecable en cada individuo integrante de la sociedad. Pueden encontrarlo en este vínculo: http://www.reflexionesjosealberto.blogspot.com/2012/03/decalogo-del-ciudadano.html). Esto se torna más imperante aún tomando en consideración todo lo previamente planteado, es decir, considerando la inoperancia, pasividad y falta de profesionalismo de los titulares de los distintos entes y órganos estatales. Venezuela, y más específicamente en lo que nos ocupa ahora, Maracaibo, necesitan reformas profundas, un cambio drástico de las estructuras, tanto institucionales como las mentales de los individuos -de cuya consumación depende la realización de las primeras- (este tema lo desarrollaré probablemente en un post subsiguiente), y viendo que en el corto y mediano plazo estos cambios no serán impulsados desde el Estado ni por los políticos considerados en su conjunto, es una tarea que nos compete a todos quienes nos hacemos llamar ciudadanos.

Que así sea.

José Alberto Vargas La Roche.

Amigo chavista.



En primer lugar quiero aclarar que este post no fue escrito para las personas opositoras a este régimen, quienes ya tienen clara cuál será la decisión electoral que tomarán el próximo domingo, la cual -de más está decir- es la decisión acertada. Esta publicación está dirigida a mis conciudadanos chavistas, por lo que pido a quienes, como yo, comulgan con los planteamientos de la alternativa democrática, hagan lo posible por hacer llegar estas palabras a sus familiares, amigos, conocidos y todas aquellas personas que sepan que se encuentren en la otra acera política.

Entonces, dedico estas líneas a los amigos chavistas, y no uso la expresión ‘chavistas’ como sinónimo de oficialistas, existe una distinción entre ambos vocablos. En la situación en que actualmente nos encontramos, que fue moldeada por elementos totalmente circunstanciales, esos términos no pueden ser equiparados. Ustedes chavistas son quienes apoyaron las acciones de Chávez como gobernante en vida, manteniéndolo como referente político y líder aún después de su muerte. Debo decir que nunca apoyé a Chávez y que siempre vi en él a un ser que destilaba resentimiento y pregonaba la división social; pero ustedes lo veían de otra forma, deben tener sus razones para ello, y sí que reconozco su gran liderazgo y carisma, por lo que respeto la posición que mantienen. El oficialismo, en cambio, está conformado por las personas que de alguna u otra forma apoyan o están involucradas con el gobierno, y resalto esta palabra porque Chávez ya no es gobierno, Chávez se fue y esa es la realidad que tienen que aceptar; al día de hoy el gobierno está integrado por ese equipo de trabajo deficiente que lo rodeaba, que fue responsable de muchos de los errores cometidos durante su administración, y que en más de una ocasión él mismo regañó públicamente, y está además presidido por un sujeto sumamente incompetente, falto de preparación y cínico. Entonces amigo, tú no eres oficialista, tú eres chavista.

Como chavista no puedes aceptar que se use la memoria de tu difunto líder como herramienta de campaña, que no se le dé sepultura, y que Maduro trate de atribuir sus propias políticas de gobierno, que tan terribles consecuencias han tenido sobre la sociedad venezolana, a la persona de Chávez. Es cierto que Chávez nombró a Maduro como su sucesor político, tan cierto es esto, que fue uno de los puntos centrales de una de sus alocuciones más importantes y escuchadas, la última de ellas. Pero pese a la unción que tu líder dio a Maduro, amigo chavista, Nicolás ha demostrado que los zapatos de Chávez le quedan muy grandes. Algunos dicen que los líderes nacen y no se hacen, otros dicen que los líderes sí se pueden hacer, pero que para ello se debe pasar por un largo y arduo proceso de formación y toma de experiencia, ahora bien, en lo que todos concordamos es en que el liderazgo no se adquiere de la noche a la mañana, cosa que se puede evidenciar notoriamente en la persona de Nicolás Maduro Moros. La cúpula de gobierno, porque le conviene, ha querido hacernos creer que este señor tiene el perfil para ser una especie de gran guía que el pueblo venezolano "necesitaría" después de Chávez, cuando éste ni siquiera como Ministro supo cumplir cabalmente y con diligencia su trabajo. Maduro no te representa, Maduro no representa a nadie, y yo sé que en el fondo tú estás consciente de eso, amigo chavista.

Si te has dado cuenta de todo lo que he descrito, como estoy seguro que has hecho amigo, te invito a alejarte de la propuesta inútil de Nicolás Maduro, y que te acerques a la real alternativa democrática que depositó su confianza en un verdadero líder, alguien que sí ha pasado su vida sirviendo a la población y preparándose para la Presidencia: Henrique Capriles Radonski.

¿El oficialismo te dice que Capriles es el candidato del imperialismo y de los apátridas? Te mienten, porque es Maduro quien representa a un gobierno de aspiraciones imperiales, el cubano, mientras que Capriles es el candidato de la dignidad nacional y gobernará para todos los venezolanos, ya que acá no hay apátridas, todos compartimos la misma nacionalidad a pesar de las diferencias ideológicas.

¿El oficialismo te dice que Capriles es un oligarca que odia al pueblo? Nuevamente te mienten. Capriles es el candidato de los pobres, los ricos, y los del medio; todos somos pueblo por igual. Te han tratado de sembrar la semilla del odio al decirte que ser rico es malo, pero no, tener riquezas materiales no es algo repudiable, es algo a lo que todos debemos aspirar y por lo que todos debemos trabajar; lo malo es que quien posea grandes medios económicos los haya adquirido por medios ilegítimos, o que no se percate de la realidad social venezolana y no contribuya a su mejora, cosa que ocurre con pasmosa frecuencia entre los altos jerarcas del gobierno y empresarios adeptos a éste, que se han enriquecido de forma sucia y sin límites durante los últimos 14 años a expensas de los recursos públicos, dejando a la población sumida en una mayor pobreza.

¿El oficialismo te dice que son ellos y no Capriles quienes pueden solucionar los problemas de la Nación? Otra vez te ven cara de idiota y te mienten descaradamente. Quienes te dicen eso, han tenido altas competencias en el gobierno desde hace década y media, y por consiguiente han tenido la responsabilidad de atender a los problemas que aquejan a Venezuela, teniendo infinitos recursos para resolverlos, y sin embargo, los problemas siguen, e incluso con mayor intensidad. Capriles no corregirá todo lo que está mal y todo lo que no funciona en Venezuela de un día para otro, ni en un mes, ni en un año, ni en todo su período presidencial; y es que los problemas que el oficialismo le deja al país son tantos y tan masivos que es imposible solventarlos rápidamente. De lo que sí puedes estar seguro es que Henrique Capriles atacará lo que nos aqueja más gravemente, dará soluciones a corto, mediano y largo plazo, y de la mano de un equipo de trabajo preparado y con el apoyo de todos nosotros, encausará a Venezuela nuevamente por la senda correcta.

Amigo chavista, Capriles no es un salvador o mesías, pero no te engañes, Chávez -muy a pesar de toda la admiración y amor que sientas hacia él- tampoco lo fue, y Nicolás Maduro mucho menos lo es. Y es que ningún gobernante es tan grande como para salvar del desastre a un país, y Venezuela no necesita de una sola persona para rescatarla del abismo; los gobiernos están sólo para garantizar el orden, la seguridad, y crear e implementar las grandes directrices de acción, no para cuidarte en todos los aspectos de tu vida. Es tarea de todos los venezolanos, trabajando y cambiando nuestra mentalidad, el impulso de Venezuela hacia el futuro.

Ahora bien, si bien no todo el sufrimiento de la Nación puede ser consolado por un gobierno, ni de Maduro ni de Capriles, la victoria de Henrique sí sentaría las bases para el progreso del país y la recuperación de la democracia y de la fortaleza institucional del Estado de Derecho. Aporta tu voto a esta causa, a esta gran cruzada para recuperar a Venezuela; vota por Capriles, amigo chavista.

Si a pesar de todos estos argumentos que he esgrimido, las amenazas oficialistas de despido de tu trabajo en la administración pública, tu amor a la “revolución”, tu fibra comunista, o cualquier otro elemento te impiden votar por Capriles, te pido entonces que no vayas a votar por Maduro ‘porque sí’ o ‘porque lo tienes que hacer’ o ‘porque te obligan’. En tal caso, amigo chavista, te invito a que sencillamente te abstengas de ejercer tu derecho al voto. No te asombres ni indignes por tal invitación, ni me acuses de fomentar la debilitación del sistema electoral o de llamar al incumplimiento de un deber ciudadano, porque no lo estoy haciendo. Como en anteriores artículos he explicado (si te interesa, lee el que se titula “Votá”), el sufragio es un derecho político que no comporta deber jurídico alguno, por lo que la abstención también es un derecho, nunca una falta. El sufragio sólo podría considerarse como un deber en el plano de lo moral, pero ubicándonos en ese plano, y dada la situación actual, votar por Maduro, más que constituir el cumplimiento de un deber moral, sólo sería un acto de extrema insensatez e inmoralidad. En tal sentido, te pido en primera instancia que votes por la alternativa democrática, por el cambio que este país necesita, y si no lo quieres o puedes hacer, como última opción te invito a abstenerte. Más daño le haces a tu país votando por el usurpador Nicolás Maduro Moros que reservándote el ejercicio de tu derecho al voto. Reflexiona con seriedad, apela a tu conciencia, cíñete a lo moral.

En definitiva, lo que vayas a hacer este domingo 14 de abril, bien sea votar por Capriles, votar por Maduro o abstenerte, depende totalmente de tu voluntad, nadie te puede forzar a hacer lo que no quieras, recuérdalo. Yo sólo te pido, como compatriota, que te armes de valor y votes por Henrique Capriles Radonski. Verás que no me equivoco, que el cambio vendrá.

¡Chavista, amigo, Capriles está contigo!

José Alberto Vargas La Roche.


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